Nuestro vínculo con la naturaleza surge a partir de la selección del repertorio. El gran motor que mueve e inspira las poesías y composiciones de la mayoría de las obras nórdicas, es la naturaleza.

 

Sus textos hablan de bosques y de los seres que los habitan. Describen atmósferas sutiles, perfumes, los sonidos del viento que susurra entre las ramas, los cambios de la luz, la vivencia de un atardecer… de la mano de músicos que, con gran sensibilidad, evocan estas atmósferas y las convierten en sonido.

 

Este punto de partida nos volvió atentos a la naturaleza, y no en vano elegimos espacios verdes y amplios para hacer trabajos intensivos algunas veces al año, en donde no solo  ensayamos, sino que  también ampliamos  nuestra percepción, nuestra escucha. 

oikos & la naturaleza

El escenario natural dispone a otro tipo de percepción. Se produce un quiebre sutil pero significativo en la experiencia de espectáculo, en el que espectador e intérprete están inmersos en una misma vivencia que los atraviesa y que genera entre ellos una cercanía, un estar más presente y contemplativo.

 

Como cantantes estamos no solo haciendo música,  sino reaccionando a un espacio, a la sensación de la tierra irregular bajo nuestros pies, a la temperatura y humedad que afectan la reverberación del sonido, a los aromas de la naturaleza,  a los sonidos de ese ecosistema que, de manera inconsciente, se mezclan, nutriendo y afectando nuestra interpretación y nuestra expresividad.

Así fue nuestra experiencia cantando en la Quinta Vaz Ferreira, donde tanto el público como nosotros entramos en un estado de escucha profunda, de comunión: la sincronía de nuestro canto con  el de los pájaros, el público cómplice, musicando, estando en la música con nosotros. Música en vivo, un poco más “viva” de lo habitual.

Ayer los fui a escuchar y salí como flotando en el aire, ademas el lugar parecía ayudaba a trasladarse a otro mundo. Sigan adelante!

Al aire libre...

otra magia! Bello!